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Cripto247
Jan 28, 2026 12:41 PM

Argentina cuenta con una oportunidad particular de capitalizar la experiencia acumulada de su ecosistema cripto y financiero para fortalecer su inserción regional.

Durante la última década, el ecosistema cripto atravesó una transformación profunda. Lo que comenzó como una innovación incipiente hoy funciona como una capa tecnológica cada vez más integrada a los sistemas financieros formales. Para Daniel Vogel, CEO y cofundador de Bitso, el eje del debate ya cambió de lugar.

“Hoy, el debate ya no gira en torno a su legitimidad, sino a su utilidad y a la forma en que puede fortalecer la eficiencia, el acceso y la resiliencia de la arquitectura financiera”, sostuvo Vogel en un comunicado compartido con Cripto247.com. 

En ese marco, 2026 aparece como un año decisivo, no por la irrupción de fenómenos nuevos, sino por la consolidación de tendencias que ya están en marcha y que empiezan a redefinir cómo se mueve, se guarda y se invierte el dinero, especialmente en América Latina.

La región ocupa un lugar central en ese proceso. De acuerdo con datos de Chainalysis citados por Vogel, entre 2023 y 2025 la adopción cripto en América Latina creció a tasas superiores al 60% anual. Ese crecimiento estuvo impulsado principalmente por el uso de stablecoins, los pagos internacionales y la necesidad de proteger el valor del dinero frente a contextos inflacionarios. Para el ejecutivo, este cambio de escala anticipa una nueva etapa para el ecosistema, en la que distintas tendencias comienzan a converger y a definir el rumbo del sistema financiero durante 2026.

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Uno de los fenómenos más visibles de esta transición es el rol que hoy cumplen las stablecoins. Vogel explicó que dejaron de ser una herramienta de nicho para convertirse, en muchos mercados emergentes, en un verdadero “salvavidas macroeconómico frente a la inflación”. Países como Argentina, Brasil, Colombia y Venezuela ya muestran un cambio claro en los patrones de uso: las stablecoins se emplean cada vez más como una forma eficiente y económica de realizar pagos y liquidaciones, más allá de su función como activos financieros.

Este comportamiento también está influyendo en el enfoque regulatorio de la región. Según Vogel, la discusión dejó de centrarse en la existencia de estos instrumentos y pasó a enfocarse en su integración ordenada al sistema financiero formal. El objetivo es permitir una adopción profunda junto a bancos y tarjetas, reduciendo fricciones para el usuario final y facilitando su uso cotidiano.

El segundo gran eje de esta maduración es la tokenización de activos del mundo real, conocida como RWA. Bonos, fondos de mercado monetario y otros instrumentos financieros comienzan a operar de forma nativa sobre blockchain como parte de una evolución gradual de la infraestructura financiera. Vogel destacó que las proyecciones que estiman que el mercado global de activos tokenizados podría superar los 16 billones de dólares hacia el final de la década reflejan la magnitud del cambio en curso.

En América Latina, esta tendencia abre una oportunidad concreta para modernizar mercados de financiamiento, en especial en segmentos como la deuda privada y los productos de bajo riesgo. También permite ampliar el acceso a instrumentos que históricamente estuvieron limitados a ciertos perfiles de inversores, gracias a una mayor eficiencia operativa, esquemas de liquidez continua y menores barreras de entrada.

A este escenario se suma una convergencia aún más profunda entre cripto e inteligencia artificial aplicada a servicios financieros. Vogel señaló el avance de los llamados agentes on-chain, sistemas capaces de operar bajo reglas predefinidas mediante contratos inteligentes. Estas herramientas habilitan soluciones financieras más personalizadas y eficientes, desde la gestión automática de portafolios hasta esquemas de liquidez con límites claros para el usuario.

Un desarrollo particularmente relevante es la aparición de agentes capaces de ejecutar transacciones y liquidar pagos entre sí utilizando dinero on-chain, sin intervención humana directa. Este tipo de interacción permite automatizar procesos financieros completos, desde la prestación de un servicio hasta su pago, y anticipa una infraestructura financiera más programable, en la que el movimiento de valor ocurre de forma nativa y en tiempo real.

El proceso de maduración también se refleja en una mayor integración de los criptoactivos al sistema financiero institucional. La llegada de productos regulados y el creciente interés de inversionistas institucionales elevaron los estándares de custodia, transparencia y gestión de riesgos en el ecosistema. En paralelo, bancos, reguladores y actores tradicionales comienzan a incorporar estos activos dentro de marcos formales.

Vogel remarcó que este movimiento ocurre en un contexto en el que Estados Unidos impulsa iniciativas regulatorias orientadas a brindar mayor claridad legal y operativa a los criptoactivos, como el GENIUS Act y el CLARITY Act. Estas propuestas buscan definir reglas más precisas sobre emisión, custodia y uso de activos digitales, y son observadas de cerca por otros mercados.

Desde centros financieros regionales como Ciudad de México, São Paulo, Buenos Aires y Bogotá, este entorno ya se traduce en conversaciones regulatorias más sofisticadas y en una adopción institucional cada vez más estructurada. Para Vogel, este proceso abre una oportunidad para fortalecer la confianza, ampliar la profundidad de mercado y acompañar la innovación con reglas claras.

El resultado de estas dinámicas es un sistema financiero en el que los instrumentos y servicios cripto comienzan a formar parte de su andamiaje operativo. Pagos, ahorro, inversión y gestión de riesgos incorporan estas herramientas de manera progresiva, muchas veces de forma invisible para el usuario final. A nivel global, Vogel observa una convergencia entre instituciones financieras tradicionales y plataformas digitales de nueva generación, mientras los principales actores cripto avanzan hacia esquemas propios del sistema financiero formal, incorporando licencias bancarias que amplían su alcance regulado.

En este escenario, Argentina aparece con una oportunidad particular. Según Vogel, la adopción temprana, el talento técnico y el uso cotidiano de soluciones digitales generaron aprendizajes valiosos. Capitalizar esa experiencia requiere marcos regulatorios claros, previsibilidad y una implementación enfocada en resolver necesidades concretas de ahorro, pagos e inversión.

“Entendido como infraestructura financiera, cripto puede contribuir a la transformación de un sistema financiero más incluyente, eficiente y resiliente”, afirmó. En ese camino, Argentina tiene la posibilidad de fortalecer su inserción regional y posicionarse como un referente en innovación financiera dentro de América Latina.

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