Sep 22, 2026 9:30 AM
Un informe reveló que los centros de datos, impulsados por el crecimiento de la inteligencia artificial, ya consumen más electricidad que la minería de BTC. Las proyecciones hacia 2030 anticipan una brecha todavía mayor.
Durante años, el consumo eléctrico de la minería de Bitcoin fue uno de los principales argumentos utilizados para cuestionar el impacto ambiental de la industria cripto. Sin embargo, la expansión acelerada de la inteligencia artificial (IA) modificó ese escenario: los centros de datos, impulsados en buena medida por las cargas de trabajo vinculadas con la IA, consumieron alrededor de 485 TWh en 2025, frente a unos 138 TWh de la minería de Bitcoin. El dato marca un cambio significativo en el mapa energético de la tecnología y pone en perspectiva una de las críticas históricas contra Bitcoin.
Incluso, la diferencia podría ampliarse todavía más hacia 2030. La Agencia Internacional de la Energía (IEA) proyecta que el consumo eléctrico de los centros de datos llegará a unos 950 TWh, prácticamente el doble que en 2025. De esta manera, un argumento que durante años colocó a la minería de Bitcoin en el centro del debate sobre el gasto energético tecnológico pierde fuerza frente al crecimiento de una infraestructura asociada cada vez más con la inteligencia artificial, cuya demanda eléctrica avanza a una escala considerablemente mayor.
La IA cambia el mapa del consumo eléctrico
El crecimiento de la inteligencia artificial está aumentando las necesidades de electricidad de los centros de datos. Estas instalaciones requieren un suministro continuo para sostener servidores, sistemas de refrigeración y demás infraestructura necesaria para procesar grandes volúmenes de información.
Según la IEA, los centros de datos consumieron unos 485 TWh de electricidad durante 2025, después de registrar un crecimiento del 17% en ese año. Dentro de ese conjunto, los centros orientados a cargas de trabajo de IA aumentaron su consumo a un ritmo todavía mayor.
La organización energética estima que la demanda eléctrica mundial de los centros de datos alcanzará aproximadamente 950 TWh en 2030. Esto significa que prácticamente se duplicaría en apenas cinco años.
La IEA calcula que su consumo eléctrico crecerá cerca de un 30% anual y que este segmento explicará casi la mitad del aumento neto de la demanda de los centros de datos hasta 2030.
El fenómeno también tendrá una fuerte concentración geográfica. Estados Unidos y China concentrarán cerca del 80% del crecimiento de la demanda eléctrica de los centros de datos previsto hasta 2030, según las proyecciones de la IEA.
Bitcoin queda por detrás de los centros de datos
La comparación permite dimensionar el cambio que está produciendo la expansión de la inteligencia artificial. La estimación de unos 138 TWh anuales para la minería de Bitcoin representa menos de un tercio de los aproximadamente 485 TWh consumidos por los centros de datos durante 2025.
En otras palabras, los centros de datos utilizaron alrededor de 3,5 veces más electricidad que la minería de Bitcoin durante ese período.
La comparación requiere una precisión: no significa que la inteligencia artificial, por sí sola, haya consumido 485 TWh. La cifra corresponde al conjunto de los centros de datos, cuya demanda está siendo impulsada, entre otros factores, por el desarrollo de la IA.
En el caso de Bitcoin, el consumo está directamente relacionado con la actividad de los mineros que utilizan equipos especializados para procesar las operaciones y mantener la seguridad de la red mediante el mecanismo de prueba de trabajo.
La minería también continúa teniendo una demanda eléctrica significativa y concentrada en determinadas regiones. Sin embargo, el crecimiento previsto para los centros de datos introduce una diferencia de escala que podría hacerse todavía más evidente durante los próximos años.
Qué significa para el debate energético de Bitcoin
Durante buena parte de la última década, el consumo eléctrico de Bitcoin ocupó un lugar central en las discusiones sobre el impacto ambiental de las criptomonedas. La minería fue señalada como una actividad con elevados requerimientos energéticos debido a la potencia informática necesaria para participar en la validación de bloques.
El avance de la inteligencia artificial incorpora ahora otro actor de gran magnitud a esa discusión. La construcción de centros de datos capaces de ejecutar modelos cada vez más exigentes requiere enormes cantidades de electricidad y una infraestructura preparada para operar de manera permanente.
Esto no elimina las discusiones sobre el consumo energético de Bitcoin ni permite concluir que una actividad tenga un impacto ambiental menor simplemente por consumir menos electricidad. La fuente de esa electricidad, las emisiones asociadas, la ubicación de las instalaciones y la utilización de fuentes renovables también forman parte del análisis.
Lo que sí cambia es la dimensión relativa del problema: la minería de Bitcoin dejó de ser el único gran foco tecnológico asociado al crecimiento de la demanda eléctrica, mientras que la expansión de la IA está llevando a los centros de datos hacia niveles de consumo considerablemente mayores.
Con las proyecciones actuales, esa diferencia podría ampliarse hasta 2030 y convertir a la infraestructura necesaria para la inteligencia artificial en uno de los principales factores detrás del crecimiento de la demanda eléctrica mundial.
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